Reseña sobre «Pamelle Debuit» por Bruno Corbari

Ya puedes leer la reseña por Bruno Corbari de The Fantastic Mdz sobre el primer EP de Pamelle Debruit titulado «Sentido». Acomódate bien y a leer!

@fantasticmdz

Pamelle Debruit

No estaba preparado para este día, aunque lo sabía desde hacía días. No se puede preparar uno para esto. Lo único que sí pude planear —si es que puede llamarse planear— fue llevar mis auriculares. Aquel aparato lleno de contradicciones y simbolismos; se deben conectar para que podamos desconectarnos de los demás y así conectarnos con nosotros mismos, pero en este caso se convirtieron en una especie de escudo desde el momento en que crucé la reja del cementerio. No era una defensa contra la muerte en sí, sino contra los ruidos secundarios: frases por compromiso, silencios incómodos, sollozos que se sienten demasiado cerca incluso cuando vienen de lejos.


Me aparté hacia el límite del pasto, donde casi nadie pasa, y dejé que el EP Sentido, de Pamelle Debruit, se hiciera cargo de la parte emocional que yo todavía no sabía manejar. Necesitaba algo que me mantuviera ocupado para evitar la oscuridad. Pamelle Debruit, chilena radicada en Barcelona, define su estilo como folclore latinoamericano entrelazado con neo folk contemporáneo. Su biografía, en cuanto a su carrera artística se refiere, está compuesta de ingredientes claves para materializar la alquimia del artista.
Violinista y corista, formada en canto popular en la Escuela Moderna de Música de Viña del Mar, entre otras aventuras musicales. En Barcelona es donde su proyecto solista realmente florece. Tras recorrer distintos estilos, probando colores y texturas sonoras, una mezcla de intuiciones, sensaciones y búsqueda del sentido, la llevan a encontrar en el neofolk su refugio: un nido donde toda su gnosis y su técnica, su sensibilidad y su historia, colisionan para luego fusionarse en una supernova de la cual emergieron las melodías qué Pamelle Debruit nos comparte.
Volviendo a mi reseña, decidí enfocarme en su EP “SENTIDO” del año 2022 que contiene 5 canciones, que a pesar de su impronta melancólica fueron la banda sonora de aquel día gris, un triste escenario mientras flasheaba estar en un film que apreciaba desde lejos…

DESTERRARTE
El primer tema no lo elegí: simplemente estaba en orden y lo dejé correr. A veces lo mejor es no tomar decisiones y que la música decida por uno. Lo que vino fue una guitarra que parecía más respiración que instrumento. No sé nada de afinaciones ni de técnicas, pero sí sé cuando un acorde cae sin dureza y, aun así, deja una marca. La voz de Pamela aparece con una suavidad que no intenta esconder nada. Es la clase de cantante que no pone distancia entre lo que dice y lo que siente. No se esfuerza por “sonar bien”: suena verdaderamente bien.
Me quedé escuchando desde el rincón donde nadie se acercaba. Mientras la gente empezaba a ocupar los asientos, yo seguía mirando hacia abajo, en ese espacio donde se observan los zapatos para evitar mirar el rostro de alguien conocido que podría invitarte a conversar.

La letra me entró de a poco, como el viento cuando se mete entre las costuras de la ropa. Habla de expulsar algo propio, de sacarlo para seguir adelante, pero no de manera brusca. Desterrar algo emocional requiere una delicadeza que, en la canción, se siente en cada
frase. Muchas veces uno quiere sacar de adentro lo que pesa, y descubre que no es tan simple como abrir una ventana.
Cuando terminó, me di cuenta de que había prestado más atención al sonido que a las palabras. Así que deslicé el dedo hacia atrás y la escuché de nuevo, esta vez en modo análisis emocional. Quería entenderla.

En la segunda escucha, la letra se volvió protagonista. Me quedé pensando en esa manera suya de narrar sin dramatizar, como si estuviera describiendo algo cotidiano que, sin embargo, afecta profundamente.
Algunas líneas parecían hablarme con una honestidad que me incomodaba. La forma en que combina imágenes concretas con sensaciones internas tiene un ritmo que no pesa, pero se queda. Y la guitarra—esa textura fina, casi humana—acompaña sin invadir.
La belleza de las cuerdas se siente en cómo acarician la melodía. No es un arreglo virtuoso; es más bien la sinceridad del sonido. Como si los dedos en las cuerdas supieran que están tocando algo frágil.

BOOMERANG
Dejé que el siguiente tema entrara solo, como quien no quiere romper la continuidad de un pensamiento. Un ritmo más marcado empezó a empujarme hacia adelante. Hay una especie de golpe, no sé si un beat o un sintetizador filtrado, que late de manera insistente, y sentí cómo mi pecho intentaba acompasarse sin éxito.
La frase “Soy un boomerang / No paro de trabajar” llegó como un puñetazo honesto. No hay adornos en la forma en que lo canta. No hay metáforas rebuscadas.
Dice lo que dice. Y esa claridad, esa falta de pretensión, tiene una fuerza rara. Uno está
acostumbrado a que las canciones escondan sus dolores en símbolos, pero acá no hay escondite.
La gente comenzaba a acomodarse alrededor del féretro. Los sonidos se mezclaban —pasos sobre grava, murmullos, el roce de las flores—, pero por encima de todo estaba esa voz que confesaba agotamiento, saturación, una mente que quiere un respiro. “Mi cabeza se está perdiendo / Traduce todo en pesos.”
Sin conocerla, Pamelle le ponía palabras, verbalizamos situaciones. Retrocedí unos segundos para volver a escuchar ese verso. El pulso detrás parecía sincronizarse con la
aceleración de mis pensamientos. La producción —aunque no sepa bien cómo explicarlo— da la sensación de estar encerrado en una habitación demasiado iluminada, con el aire un poco denso, donde todo vibra más fuerte de lo que debería. No es que suene abrumadora; suena verdadera.
Cuando llega “Mi mente busca silencio / Un espacio un momento”, la música se abre un poco, como si respirara. Lo sentí físicamente. La voz de Pamelle tiene un modo de quebrarse sin romperse. Es un filo suave, firme, que sostiene incluso cuando dice algo
vulnerable. El verso “Me escapo a escribirle a mi futuro de mi pasado” me golpeó más fuerte que todo lo anterior.
¿Cuántas veces uno quisiera dejarle un mensaje a su futuro para advertirle o consolarlo? ¿Para decirle: sobreviviste?

Fotografías por Eugenio Lagos


SENTIDO
La canción llegó como una corriente más tibia. No necesariamente más calma, pero sí con un tipo de claridad diferente. Hay teclados que parecen expandirse desde dentro, como luces que no encandilan, sino que acompañan la habitación. Las cuerdas entran con un movimiento casi líquido, sin dureza, con una delicadeza que te invita a quedarte.
Hay una sinceridad particular en la forma de cantar de Pamelle: no es un personaje, no necesita construir una figura. Habla desde un punto muy personal, pero deja espacio para que uno pueda entrar sin sentirse intruso. Mientras escuchaba, alguien me hizo un gesto para que me acercara a donde estaban los familiares. Fingí que no lo vi. Ajusté el volumen y seguí mirando el suelo.
Hay un momento en “Sentido” que me obligó a detener todo lo que estaba haciendo. En el minuto 3:18, la voz hace un giro diminuto, casi microscópico. No sé si es un vibrato, un cambio en la forma de sostener una palabra, una respiración apenas más marcada.
Retrocedí la canción cinco veces, tal vez seis. Ese instante tenía algo humano, demasiado humano.
La lírica también tiene un modo de caminar sobre las emociones sin hundirse en ellas. No pontifica. No busca convertirse en una lección de vida. Es descriptiva, honesta, como si contara un pensamiento mientras lo piensa. Esa manera de comunicarse es justamente su mayor fuerza: no intenta significar algo monumental, pero lo logra igual. A medida que avanzaba el tema, miraba a la gente dejar flores y abrazarse. Yo seguía a distancia. No
porque no quisiera acercarme, sino porque la música me abría un espacio donde el dolor tenía otra forma, más respirable.

TULIPANES
Una pieza instrumental, pero no por eso menos expresiva. Hay un piano que cae como gotas tibias sobre una superficie fría. Las notas, aunque no sé cómo explicarlo técnicamente, parecen tocar un punto entre la nostalgia y la calma. Detrás hay sonidos que
podrían ser teclados, reverberaciones suaves, ruido ambiental. No importa qué son: importa cómo se sienten.
Mientras esa melodía avanzaba, comenzaron a bajar el ataúd. Yo me quedé totalmente inmóvil, como si la música me sujetara por los hombros. La pieza no juzga,
no dramatiza, no exige nada. Acompaña. En este instrumental en particular, cada nota parece desprenderse de algo distinto. No de alguien, sino de un tiempo que ya no vuelve. Quizás por eso me dio tanta pena. Quizás por eso me quedé escuchando hasta el último eco.

FÍSICA
“Física” llegó con una energía diferente, más rítmica, con un movimiento constante que me recordó a un corazón intentando estabilizarse después de un susto. No sé si es un loop, una percusión electrónica o un pulso sintetizado, pero el efecto es directo, corporal.
La voz entra limpia. Es increíble cómo Pamelle logra comunicar sin adornos, sin pretender sonar grande, pero aun así genera impacto. Hay claridad, franqueza, una especie de confesión que no pide permiso.
Mientras el track avanzaba, la gente comenzaba a retirarse. Yo seguía detrás del árbol, escuchando esta mezcla de vulnerabilidad y determinación. La canción tiene momentos donde parece abrir un pequeño espacio luminoso, un segundo de alivio dentro de una
estructura más firme. Es un gesto sutil, pero poderoso. Sentí que mi respiración se acompasaba con la canción. No para imitarla, sino para sobrevivir a lo que estaba sintiendo. La música se volvió una guía en medio del desconcierto.
El final no resuelve nada —como casi ninguna despedida real—, pero deja una sensación de
continuidad, de un cuerpo que sigue caminando aunque esté roto.
Cuando terminó, me quité los auriculares muy despacio. El mundo volvió, con su ruido y sus
ausencias.
Pero por primera vez en todo el día, no me sentí completamente solo.
El EP ”SENTIDO” había construido una especie de refugio dentro de mí: frágil, temporal, imperfecto… pero real. Y a veces, en un funeral, eso es lo único que uno
puede pedir.

Bruno Corbari, The Fantastic MDZ